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FREDÉRIQUE TORRES

Roseline
OBRAS
ROSELINE
Óleo sobre lienzo y pan de oro
116 x 89 centímetros
Sentada en el suelo, la figura femenina se sitúa en el punto de origen.
Ella no está esperando ni huyendo, sino en una presencia silenciosa y abierta.
Su cuerpo desnudo no se ofrece, existe, todavía pertenece al tiempo de la inocencia, donde el sentimiento no tiene nombre.
La mirada, directa y abierta, no llama, acoge lo que llega, sin defensa ni cálculo.
Algo aparece dentro de ella, lentamente, una emoción primaria, dulce e irreversible.
Los fragmentos de oro que atraviesan el fondo y la carne no decoran sino que señalan una revelación íntima, en proceso de construcción.
El amor aquí no es una relación, sino un despertar, una luz fragmentada y frágil, en proceso de transformación. Sentada cerca del suelo, Roseline se mantiene firme, lejos de cualquier idealización, toca lo esencial.
La obra captura el momento inaugural: aquel en el que el ser descubre su capacidad de amar, en un asombro sereno, antes de cualquier historia.
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